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Gemma+Amadeo

Tengo la gran suerte de que las parejas que me escojen para ser su fotógrafo poseen una gran sensibilidad fotográfica. Suelen hacerme comentarios del tipo “nos llamó la atención tu manera de tratar el color” o “la fuerza que consigues imprimir en tus fotografías en blanco y negro” o “la sensibilidad que desprenden tus imágenes”… no puedo negarlo, estoy realmente orgulloso de las parejas a las que he fotografiado.
Si además, sienten la misma pasión que yo por el mundo de las dos ruedas, la conexión es inmediata.
Con Gemma y Amadeo fue instantáneo. Tras la primera reunión lo tenían claro, y yo también, la suya sería una gran boda.
Amadeo se vistió en casa de sus padres, en el salón, entre la multitud de cuadros que colgaban de las paredes. Los estampados de la corbata y los tirantes consiguieron hace que resaltase entre tanto derroche de color. Irradiaba felicidad.
Gemma se vistió en la casa/estudio de sus padres. Llegué con tiempo suficiente para fotografiarla durante la sesión de peluquería y maquillaje. Prefirió hacerlo de manera relajada, en compañía de sus padres y su hermano, que ejerció también de padrino.
Como suelo hacer casi siempre, salí antes que ellos para llegar a tiempo y documentar la recepción a los invitados por parte del novio.
En ésta ocasión, tanto la ceremonia como el banquete se realizaba en una de mis fincas favoritas, La Centenaria 1779 (antigua Masia Ribas). Cuando fotografío allí, el equipo de Elisabet hace que me sienta en casa.
Ceremonia en el bosque de la finca oficiada por el padre de Amadeo, speeches de familiares y amigos, y como nota de color, las anécdotas del grupo de calaveras que forman los compañeros de correrías en Harley.
Mientras los invitados se dirigen hacia el aperitivo y nosotros hacia el garaje donde esconden las Harleys para hacer una entrada triunfal, aprovechamos para hacer cuatro fotos rápidas de pareja. Preparan las motos, encienden contactos y con el rugir de los bicilindricos hacen su aparición en el aperitivo. Pura locura.
La cena se celebra en la Orangerie, bajo un cielo de puntos de luz formado por cientos de velas que crean una acogedora atmósfera. Entre risas, saltos y abrazos llega el momento de inaugurar oficialmente el baile. Antes, Gemma le reserva una sorpresa a su pareja… una preciosa Vespa Primavera recién restaurada.
Con el baile empieza la fiesta.

Espero que os guste el resultado tanto como a mí.

 

 

 

 

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